El Vocho no necesita demasiada presentación en México, basta ver su silueta redonda, escuchar el sonido particular de su motor o encontrar uno estacionado en una esquina para que aparezca alguna historia: el taxi de la infancia, el coche del abuelo, el primer auto familiar, el compañero de trabajo que aguantaba ciudad, carretera y terracería sin ponerse exigente.
Cada 22 de junio se celebra el Día Mundial del Vocho, una fecha que reúne a clubes, coleccionistas, mecánicos, familias y curiosos alrededor del Volkswagen Sedán. La conmemoración recuerda el origen del modelo en 1934, cuando Ferdinand Porsche y la Asociación de la Industria Alemana del Automóvil firmaron el contrato que dio paso al desarrollo del vehículo que en otros países sería conocido como Beetle, Käfer, Coccinelle o Escarabajo.

Cómo un auto alemán se volvió tan mexicano
Aunque nació lejos de México, el Vocho encontró aquí una segunda patria. Llegó al país en la década de 1950 y pronto comenzó a formar parte de la vida cotidiana por razones muy concretas: era económico, resistente, fácil de reparar y capaz de moverse igual por avenidas saturadas que por caminos rurales. Su mecánica sencilla lo volvió cercano incluso para quienes no eran expertos en autos.
La planta de Volkswagen en Puebla terminó de sellar esa relación. Desde 1967, el Sedán comenzó a producirse en México y, con el paso de los años, se convirtió en una presencia habitual en calles, carreteras, sitios de taxi y talleres mecánicos. Durante décadas fue una herramienta de movilidad popular, pero también un objeto de afecto, de esos que no se explican solo por su utilidad.
Su despedida industrial llegó en 2003, cuando salió de la línea de producción la llamada Última Edición. México fue uno de los últimos lugares del mundo donde se fabricó este modelo, un detalle que reforzó el vínculo sentimental entre el país y el auto. Para muchos aficionados, ese cierre no apagó la historia; al contrario, la convirtió en culto.

Datos curiosos para celebrar al Vocho
El cariño por el Vocho también vive en sus detalles. En distintos países recibió nombres muy distintos: Käfer en Alemania, Coccinelle en Francia, Pulga en Colombia y Pichirilo en Ecuador. En México, el apodo Vocho terminó ganando terreno hasta convertirse en una palabra cargada de identidad propia.
Entre los datos favoritos de los vocheros aparece la pequeña palanca ubicada junto al freno de mano, usada para dirigir aire caliente del motor hacia el interior del vehículo. También está la curiosidad de la edición semiautomática conocida como Lady Bug, presentada en 1968 y producida en una cantidad muy limitada.
El Día Mundial del Vocho suele celebrarse con caravanas, concursos, exhibiciones de modelos restaurados, autos personalizados y encuentros familiares. En 2026, además, el festejo coincide con un ambiente especialmente futbolero en México debido al Mundial, lo que le da a las reuniones un tono todavía más popular: camisetas, banderas, motores encendidos y esa mezcla muy mexicana entre nostalgia y fiesta.



